Existen diversas técnicas de estudio que pueden resultar muy útiles a la hora de mejorar nuestro rendimiento. Incluso aunque ya tengamos nuestros propios métodos infalibles, nunca está de más dejarse asesorar. Sin embargo, técnicas aparte, hay algo que es fundamental durante la época de exámenes (¡también debería serlo durante todo el curso escolar, picarones!): EL SUEÑO.

 

Muchos estudiantes afirman rendir mejor durante la noche, a pesar de que los expertos aconsejan que es mejor estudiar durante el día, especialmente por la mañana. En realidad, esta teoría obedece a una explicación científica: el hipotálamo, que es el que controla nuestro ritmo circadiano, segrega cortisol, una hormona que sirve para responder al estrés. De esta forma aumenta la glucosa, que es lo que necesita el cerebro para trabajar a todo gas. Dicha secreción tiene lugar GENERALMENTE por la mañana. Por la noche, es mínima. Por lo tanto, el cerebro responde al esfuerzo intelectual más eficientemente por la mañana. No obstante, los ritmos circadianos de cada uno pueden variar, lo que explica que algunos estudiantes prefieran trabajar por la noche.

El problema es que estudiemos por la noche, robándole horas al sueño. Dormir (y con dormir nos referimos a un mínimo de ocho horas de inconsciente felicidad, no a cuatro o cinco) ayuda a nuestra memoria a consolidar la información con la que la hemos estado bombardeando. No parece muy buena idea, por lo tanto, trasnochar antes de un examen. Es preferible ir descansado y mantener una rutina de sueño estable durante el curso.

Capítulo aparte merece la cuestión de la cafeína y bebidas energéticas varias. Tras muchas horas de estudio (sobre todo si hemos estado forzando la máquina más de la cuenta) parece lógico recurrir a este tipo de bebestibles, en parte por combatir el cansancio, en parte por inercia para aprovechar y hacer un pequeño descanso. Por desgracia, la cafeína no aumenta nuestra capacidad intelectual, únicamente nos insensibiliza ante la fatiga… al menos aparentemente. Con lo cual, llega el momento en el que nuestra resistencia se satura por completo y descubrimos que estamos exhaustos.

Además, la cafeína (unida a la clásica ansiedad pre-examen) puede producir una alteración del sistema del sueño, cuyas consecuencias en nuestro organismo y, por extensión, en nuestro rendimiento académico, serían nefastas: disminuye la capacidad de atención y de retención de conocimientos, los bloqueos en los exámenes son constantes… y a largo plazo puede incluso provocar diabetes, hipertensión u obesidad.

 

Resumiendo:

Dormir es esencial para nuestro rendimiento académico y para el buen funcionamiento del organismo.

Es aconsejable tener una rutina de sueño y de estudio. Organiza tu tiempo al máximo. Reserva tiempo para dormir y estudiar, pero también para despejarte y desconectar

Si estudiamos muchas horas al día, al final estaremos cansados y saturados y no nos cundirá, y recurriremos a malos hábitos. ¡Los atracones de última hora son un suplicio!

 

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“Una persona no puede directamente escoger sus circunstancias, pero si puede escoger sus pensamientos e indirectamente-y con seguridad-darle forma a sus circunstancias.
James Allen